Inhotim

Sorprendente por inesperado.

Y sorprendente a cada paso.

Tanto que regresamos a seguirnos sorprendiendo un segundo día.

Arte, naturaleza, gastronomía.  Y claro su tiendita muy de museo, muy bonita y muy carita,

como las tiendas de museo son.

Queríamos verlo todo, y había mucho de cada cosa.

Centro cultural, jardín botánico. Cisnes en el lago. Varios lagos.

Ejército de jardineros.

Muchas palmeras, de diferentes tipos.

Mucho, mucho dinero.

Porque el Arte cuesta, y cortar tanto pasto, y traer tantas plantas de todos lados y acomodarlas para que compongan, también.

Fueron días sol tímido y de lluvias repentinas. Pero prestan paraguas. Incluido.

El carrito de golf que te lleva a ver las piezas más alejadas. Ese si cuesta. Caminamos mejor.

Horas de caminata. Arte, arte, plantas, arte, plantas-arte, arte, plantas.

Y nosotros contemplando y disfrutando, sin prisa  y sin calma.

En el estacionamiento un miércoles,

seis camiones escolares, unos pocos coches y un helicóptero.

Todos nos fuimos a las 5 de la tarde, de regreso a la vida de cada uno, fuera de Inhotim.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Posteado hace 10 años
TAGS: arte, Beam Drop, brasil, Chris Burden, Contemporáneo, galería adriana varejão, galería miguel río branco, inhotim, Jardín Botánico, Narcissus Garden, olafur eliasson, Viewing Machine, Yayoi Kusama

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